“La guerra es una locura”

Un llamado desesperado del Papa en contra de los conflictos.

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El Papa Francisco dijo que los conflictos registrados hoy en todo el planeta son una Tercera Guerra Mundial “por partes” y condenó el comercio de armas y a los “planificadores del terror” que siembran muerte y destrucción.

“Después de contemplar la belleza del paisaje de toda esta región, donde trabajan hombres y mujeres (…), juegan los niños y sueñan los ancianos (…), sólo se me ocurre una cosa: la guerra es una locura”, afirmó el pontífice en el cementerio militar de Redipuglia (noreste), donde descansan los restos de más de 100.000 soldados de ambo bandos caídos durante la Gran Guerra.

“Hoy, tras el segundo fracaso de una guerra mundial, quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida ‘por partes’, con crímenes, masacres, destrucciones”, dijo el Papa, que en los últimos meses, llamó varias veces a poner fin a los conflictos en Ucrania, Irak, Siria, Gaza y partes de África.

“La guerra destruye. La guerra lo desfigura todo, incluso el vínculo entre hermanos. La guerra es loca, su plan de desarrollo es la destrucción: ¡crecer destruyendo!”, añadió Francisco en su crítica a los conflictos armados, que según argumentó nacen de los intereses económicos de la industria armamentística y de la indiferencia de la gente.

“Aquí hay muchas víctimas. Y desde aquí nos acordamos de todas las víctimas de todas las guerras. Todavía hoy sigue habiendo muchas víctimas (…) ¿Cómo es posible? Es posible porque (…) entre bastidores hay intereses, planes geopolíticos, avidez de dinero y de poder, y está la industria de las armas, que parece ser importantísima”, denunció el pontífice.

“Con corazón de hijo, de hermano, de padre”, el papa pidió a la humanidad pasar de ese “¿A mi qué me importa?” al “llanto”, es decir, a la reacción contra el belicismo porque “la humanidad tiene necesidad de llorar, y esta es la hora del llanto”, finalizó el Papa.

“No exaltamos una cruz cualquiera”

El 14 de septiembre , durante la liturgia de la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el papa Francisco congregó a miles de peregrinos en la plaza de San Pedro, para rezar la oración mariana del Ángelus. “Nosotros no exaltamos una cruz cualquiera, dijo el Santo Padre, o todas las cruces; sino que exaltamos la Cruz de Jesús, porque en ella se reveló al máximo el amor de Dios por la humanidad, tal como nos lo recuerda el Evangelio de Juan en la liturgia del día.

Por esta razón dijo Francisco, nosotros, los cristianos, bendecimos con el signo de la cruz. De ahí que el Obispo de Roma, señala Radio Vaticana, invitó –mientras contemplamos y celebramos la Santa Cruz – a pensar con conmoción en tantos hermanos y hermanas nuestros que son perseguidos y asesinados a causa de su fidelidad a Cristo. Y añadió que esto sucede especialmente allí donde la libertad religiosa no está aún garantizada o plenamente realizada; así como también en países y ambientes que, en principio, tutelan la libertad y los derechos humanos, pero donde concretamente los creyentes, y de modo especial los cristianos, encuentran limitaciones y discriminaciones.

Después de rezar a la Madre de Dios, y antes de saludar a los diversos grupos de peregrinos presentes, el Papa dirigió un pensamiento especial a la República Centroafricana que desea la paz. Al recordar que en esta nación está a punto de comenzar la Misión anhelada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a fin de lograr su pacificación y proteger a la población civil, que está sufriendo gravemente las consecuencias de los conflictos en curso, el Santo Padre dijo:

“Mientras les aseguro el compromiso y la oración de la Iglesia católica, animo el esfuerzo de la Comunidad Internacional, que sale en ayuda de los Centroafricanos de buena voluntad. Que lo antes posible la violencia ceda el paso al diálogo; que los despliegues opuestos dejen de lado los intereses particulares y se preocupen para que cada ciudadano, perteneciente a cualquier etnia y religión, pueda colaborar para la construcción del bien común”.

Palabras del Papa antes del rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El 14 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Alguna persona no cristiana podría preguntarnos: ¿por qué “exaltar” la cruz? Podemos responder que nosotros no exaltamos una cruz cualquiera, o todas las cruces: exaltamos la Cruz de Jesús, porque en ella se reveló al máximo el amor de Dios por la humanidad.

Es esto lo que nos recuerda el Evangelio de Juan en la liturgia del día: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Unigénito”. El Padre “dio” al Hijo para salvarnos, y esto comportó la muerte de Jesús, y la muerte en la cruz. ¿Por qué? ¿Por qué fue necesaria la Cruz?

A causa de la gravedad del mal que nos tenía esclavos. La Cruz de Jesús expresa ambas cosas: toda la fuerza negativa del mal, y toda la mansa omnipotencia de la misericordia de Dios. La Cruz parece decretar el fracaso de Jesús, pero en realidad, marca su victoria.

En el Calvario, los que se burlaban de Él le decían: “Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”. Pero era verdad lo contrario: precisamente porque era el Hijo de Dios Jesús estaba allí, en la cruz, fiel hasta el final designio del amor del Padre. Y precisamente por esto Dios ha “exaltado” a Jesús, confiriéndole una realeza universal.

Y cuando dirigimos la mirada a la Cruz donde Jesús fue clavado contemplamos el signo del amor, del amor infinito de Dios por cada uno de nosotros y la raíz de nuestra salvación. De aquella Cruz brota la misericordia del Padre que abraza al mundo entero.

Por medio de la Cruz de Cristo el maligno fue vencido, la muerte es derrotada, se nos dio la vida y se nos devolvió la esperanza. Esto es importante. Por medio de la Cruz de Cristo se nos devolvió la esperanza.

¡La Cruz de Jesús es nuestra única y verdadera esperanza! He aquí porqué la Iglesia “exalta” la Santa Cruz, y he aquí porqué nosotros, los cristianos, bendecimos con el signo de la cruz. Es decir, nosotros no exaltamos las cruces, sino “la” Cruz gloriosa de Jesús, signo del amor inmenso de Dios. Signo de nuestra salvación, y camino hacia la Resurrección. Y ésta es nuestra esperanza.

Mientras contemplamos y celebramos la Santa Cruz, pensemos con conmoción en tantos hermanos y hermanas nuestros que son perseguidos y asesinados a causa de su fidelidad a Cristo. Esto sucede especialmente allí donde la libertad religiosa no está aún garantizada o plenamente realizada.

También sucede en países y ambientes que en principio tutelan la libertad y los derechos humanos, pero donde, concretamente, los creyentes y, de modo especial los cristianos, encuentran limitaciones y discriminaciones.

Por eso hoy los recordamos y rezamos de modo especial por ellos. En el Calvario, a los pies de la cruz, estaba la Virgen María. Es la Virgen Dolorosa, que mañana celebraremos en la liturgia. A Ella encomiendo el presente y el futuro de la Iglesia, para que todos sepamos descubrir y recibir siempre el mensaje de amor y de salvación de la Cruz de Jesús. Les encomiendo de modo particular a las parejas de esposos que tuve la alegría de unir en matrimonio esta mañana en la Basílica de San Pedro”.

Fuente: CiudadNueva.org.ar / AICA.org