Cromañón nos pasó a todos

Se cumplen 10 años de una de las mayores tragedias de la historia argentina en la que perdieron la vida 194 jóvenes.

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A raíz de una bengala, el 30 de diciembre de 2004 se produjo un feroz incendio en la discoteca Cromañón mientras tocaba el grupo de rock Callejeros. El hecho dejó como triste saldo 194 jóvenes fallecidos y otros 1430 heridos, convirtiéndose así en una de las mayores tragedias de la historia argentina.

Algunos perdieron un familiar o un amigo, otros sienten que podrían haber estado ahí, muchos simplemente se fueron sumando por empatía. Sobrevivientes de Cromañón Zona Sur es un colectivo heterogéneo que lleva adelante tareas sociales de concientización sobre la tragedia que enlutó el rock nacional hace una década, provocando la muerte de 194 asistentes a un concierto del grupo Callejeros en aquel local de Once.

Sobreviviente con 14 años, a los 24, Daniela Sánchez repasa espontáneamente lucha y actividades siempre en plural. De alguna manera, coherente con la consigna que identifica al grupo. “Cromañón nos pasó a todos”, resume.

Una retrospectiva fugaz y recortada por manchones de amnesia, ubica a Daniela en aquella noche fatídica llegando casi sobre la hora, de la mano de un amigo, más experimentado en eventos multitudinarios, un background que determinará la supervivencia de ambos.

“No tengo muy presente el tiempo que pasó hasta que salimos, hay partes de esa noche que tengo anuladas”, dirá apenas al respecto. También asumirá que no siguió ningún tratamiento terapéutico, como hubiera sido recomendable. En cambio, completó su carrera como técnica química en la Escuela 27 porteña y poco después consiguió trabajo en el rubro. Actualmente vive en Temperley.

Pero Cromañón volvió a cruzarse en su vida de manera ingrata, justamente en el ámbito laboral. “Cuando se estaba debatiendo en la Legislatura la ley de reparación para los sobrevivientes, pedí permiso a mi jefe para asistir –repasa–. Yo no había contado que había estado en la tragedia, y a partir de ahí, el trato conmigo cambió. Me advirtió que si mi caso llegaba a Recursos Humanos, iba a tener problemas. Al final, tuve que renunciar por toda la situación que se generó”, revive.

Además del mural que pintaron en forma amplia y participativa el 22 de noviembre en la esquina de Avda. Hipólito Yrigoyen y Mariño, desde el colectivo Sobrevivientes Zona Sur, vienen llevando a cabo distintas actividades para despegar la tragedia de la mediatización.

“Estamos dando charlas informativas en las escuelas como una introducción a las normas de seguridad, que los chicos que van a conciertos sepan qué normas deben cumplir los lugares –ilustra–. No queremos lavarle la cabeza a los pibes ni nos metemos con cuestiones jurídicas o a opinar sobre el grupo, cada uno tiene su opinión. Simplemente le suministramos orientación para que se cuiden y cuiden al otro,”, manifiesta.

“Todo eso que nos faltaba a nosotros y que sigue pasando en muchos lugares que incumplen normas, como si Cromañón no hubiera existido y no hubiera costado 194 vidas más los 16 sobrevivientes que se suicidaron y de los que nadie habla”, alerta.

Memoria activa

En un ámbito más informal, los integrantes del grupo programaron un tour por los cincuenta barrios del conurbano sur y así llevan recorridas 18 geografías suburbanas. En estos casos, la actividad consiste en volantear en la calle, a lo largo de un sábado. El cronograma culminará con un evento especial en La Plata.

Al cumplirse los diez años de la tragedia, Sobrevivientes Zona Sur convoca a una jornada de homenaje y memoria, en la plazoleta donde se levanta el mural que pintaron con colaboración de la Municipalidad de Lomas de Zamora y la coordinación artística la artista plástica Florencia Menéndez.

“A partir de las 17, vamos a estar esperando a quienes quieran asistir con instrumentos musicales, pero va a ser un acto sencillo, un momento íntimo para compartir”, propone.

“…Y deberás crecer, sabiendo reír y llorar…”

El mural que se confeccionó de manera colectiva el 22 de noviembre, fue promocionado como una experiencia participativa superando todas las expectativas de los organizadores. Más de 300 personas dejaron su huella.

“Está diseñado en tres niveles. La primera son personas-árboles tomadas de la mano, brotando. Cada brote es una hoja que contiene información sobre las normas que debe cumplir cualquier establecimiento público, y la lectura de ‘Cuidémonos, Cromañón nos pasó a todos’”, ilustra su autora, Florencia Menéndez, de prolífica presencia en la zona, donde muchos de sus murales alegran espacios.

“La segunda parte del mural son muchas personas unidas que forman un gran tronco de árbol, con las manos hacia arriba apuntando a la frase que estaría en la copa del árbol, frase del gran flaco Spinetta: “…Y deberás crecer sabiendo reír y llorar…” (de su álbum solista Kamikaze)

Por último, “la tercera parte del mural son 10 personas sosteniendo una bandera que dice ‘Cromañón nos pasó a todos – Mural 10 años’, cada una tiene un espejo en la cara que hace que el que pase se refleje en esa persona. En todo el mural vuelan luciérnagas como símbolo de iluminación, de pequeñas luces que acompañan a estos seres que vendrían a ser los sobrevivientes”, interpreta.

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Diez años y una causa que aún sigue abierta

Dos de los abogados querellantes que intervienen en la causa por la tragedia ocurrida hace hoy diez años en el boliche República Cromañón coincidieron en que la larga investigación ha tenido “algunos resultados importantes, como la condena a funcionarios políticos, algo excepcional en la Argentina”, pero también “decisiones francamente contradictorias, como la resolución de la Corte Suprema de Justicia que permitió la excarcelación de los imputados y que puso en suspenso la sentencia condenatoria”. José Iglesias, padre de Pedro Iglesias, uno de los chicos fallecidos, que representa a centenares de víctimas, estimó que “en comparación con otras tragedias estamos mejor, porque logramos condenas importantes, pero también han quedado afuera algunos funcionarios del gobierno porteño y de la Policía Federal, mientras que siguen las coimas que permiten la habilitación de espacios públicos que no reúnen las condiciones necesarias en materia de seguridad”.

Fernando Soto, otro de los abogados querellantes, le dijo a Página/12 que todo el proceso judicial ha tenido “aspectos buenos, como el hecho de que se haya condenado y enviado a prisión a funcionarios por corrupción (ver nota aparte), pero al mismo tiempo es muy raro lo que ha pasado con la decisión de la Corte Suprema que dio intervención, por segunda vez, a la Cámara de Casación Penal, con argumentaciones que no son habituales ni fundadas y que ahora abren un interrogante sobre si se van a confirmar o no las condenas, lo que significa un golpe emocional muy fuerte para los familiares de víctimas y sobrevivientes de Cromañón”.

José Iglesias, que representa a más de 900 personas afectadas, entre familiares de víctimas fatales y heridos, reconoció en diálogo con este diario que “en comparación con otras tragedias, o masacres, estamos mejor porque tuvimos sentencias condenatorias, sumarios administrativos con cesantías, destitución de un jefe de Gobierno (Aníbal Ibarra)”. Sin embargo, agregó que “también es cierto que ese balance encubre una realidad, porque todo fue fruto de la lucha de los familiares; ahora, todo ese esfuerzo depende de lo que decida la Sala IV de la Cámara de Casación, que puede hacer volver atrás todo lo que conseguimos con tanto esfuerzo”.

Iglesias también hizo mención a “una serie de resultados negativos a lo largo del proceso judicial, como fueron las absoluciones de Juan Carlos López (ex secretario de Seguridad del gobierno porteño) y del comisario Miguel Angel Belay (ex titular de la Comisaría 7ª, del barrio de Once, acusado por coimas), cuya imputación la dejaron prescribir sin llegar a una condena”. Agregó que “también hay que sumar como datos negativos que siguen las coimas, y cada vez son más caras, para la habilitación de lugares de concentración de público y que hayan ocurrido tragedias por falta de control, como el derrumbe en el boliche Beara, el derrumbe de 35 edificios en la Ciudad de Buenos Aires y las muertes en un festival de rock en el Parque de la Ciudad”.

Según Iglesias, en estos diez años “nuestra ciudadanía se ha adormecido y nadie reclama medidas de seguridad en los subterráneos y en los supermercados; lo malo es que vemos crecer la corrupción sin salir a denunciarla y combatirla”. Puso énfasis en el doloroso camino de sobrevivientes y familiares de víctimas. “Hemos tenido cerca de 20 muertes de familiares, por diversas enfermedades, en casos donde es notorio que la depresión provocada por la muerte de familiares ha sido un elemento que aceleró los procesos que llevaron al fallecimiento.”

Entre las muertes, destacó especialmente la de Mariana Márquez, “la madre que le gritó ‘vos sos un muerto político’ a Ibarra”. Iglesias resaltó que “ella había logrado superar un cáncer, pero después de Cromañón la enfermedad reapareció, porque le bajaron las defensas. Ella peleó hasta último momento por que se hiciera justicia y en los últimos tiempos solía ir a las marchas en silla de ruedas”.

Fernando Soto, que representa a 350 personas, en su mayoría sobrevivientes, reconoció algunos logros, como “la condena a funcionarios”, pero centró sus críticas en el fallo de la Corte Suprema que le dio intervención a la Sala IV de la Cámara de Casación (ver nota aparte). “Con dos renglones, la Corte puso en interrogante el fallo condenatorio y esto hace que a diez años de Cromañón sigamos sin tener justicia; lo que hizo la Corte es un desastre.” Soto señaló que “la nueva instancia judicial que se abrió, y que seguramente se definirá de acá a dos años, porque finalmente volverá a intervenir la Corte, hace que ninguna de las víctimas pueda avanzar en el juicio civil por daños porque las condenas que se habían dictado siguen sin estar firmes”.

El abogado resaltó que “las demandas civiles, mientras tanto, han recibido rechazos grotescos, sobre todo del gobierno porteño, que contestó al planteo inicial como si se tratara de una multinacional y hasta llegó a negar la existencia de las 194 muertes”. Soto indicó que “el gobierno nacional también ha dado respuestas negativas y la situación general que se está planteando, en las causas civiles, es inmoral, es una vergüenza, porque están pedaleando hacia adelante”. Contó la anécdota de “un papá que fue a ver al abogado del gobierno porteño y le dijo: ‘¿Cómo van a negar que mi hijo murió?’. Como toda respuesta, el abogado se largó a llorar y le dijo que estaba obligado a rechazar todo”.

Fuente: DiarioBae.com / Pagina12.com.ar