La histeria del fútbol vernáculo

Transcurridas nueve fechas del fútbol de Primera división, siete entrenadores han sido separados de su cargo.

Almirón

Resulta difícil aquietar las aguas del exitismo en el mundo de la pelota. Sobre todo si se trata del fútbol en estas latitudes. Desde que se implementaron los torneos cortos, en la década del 90, la danza de técnicos se fue potenciando cada vez más, con casos de entrenadores que apenas han durado horas en el banco de suplentes.

Conocido ese panorama, quienes defendían la implementación del actual torneo de 30 equipos, además de argumentar con la supuesta federalización del fútbol de primera división, esgrimían que al ser un certamen más largo, con principio en febrero y finalización en noviembre, reduciría la tendencia de despedir técnicos cuando un equipo sufriera una seguidilla de resultados adversos.

Sin embargo, con un tercio de torneo consumado, las estadísticas indican todo lo contrario. Ya son siete entrenadores que dejaron su cargo y, salvo algunos casos, otros están tecleando en su posición. Reinaldo Merlo en Colón, Omar Labruna en Nueva Chicago, Roberto Sensini en Atlético Rafaela y Mauricio Pellegrino en Estudiantes fueron despedidos, en tanto Walter Perazzo en Olimpo, Darío Franco en Defensa y Justicia y Martín Palermo en Arsenal decidieron dar un paso al costado por no lograr enderezar el rumbo de sus equipos.

Pero la lista puede engordarse en poco tiempo. Jorge Almirón (foto) de Independiente fecha a fecha ve cómo es resistido por el público Rojo, sobre todo después del pobre papel realizado en la Copa Argentina frente al modesto Alianza de Coronel Moldes, con quien empató agónicamente y luego pudo clasificar a la siguiente ronda por medio de los penales.

Hasta corrió riesgo el trabajo de Néstor Apuzzo, entrenador que a fin de año logró con Huracán la Copa Argentina, la clasificación a la Copa Libertadores y el ascenso a Primera División. Tras caer en Venezuela y ser eliminado del certamen continental aparecieron fantasmas, no obstante el Globo se recuperó ante River en la final de la Supercopa Argentina y el nuevo título para los Quemeros apagó el principio de incendio.

Con esa histeria viven no sólo los técnicos, sino los hinchas y los dirigentes, quienes deberían dar confianza más aún en los momentos adversos. Pero está claro que el fútbol argentino entiende poco de proyectos a largo plazo y si la pelota no entra en lo inmediato el botón “eyectar” se activa fácilmente en los bancos de suplentes.

Fuente: CiudadNueva.org